sábado, 17 de octubre de 2009

El arte de rechazar una novela








Se trata de 99 maneras de decir NO.

Son 99 cartas dirigidas a escritores noveles de parte de un editor, evidentemente rechazando su obra.
Camilien Roy le ha puesto imaginación y sentido del humor.
Recomendado para aspirantes a escritores que deseen ir familiarizándose con el tema.



Insensible

Oiga, señor:

Ignoro quién ha sido el que lo ha alentado a escribir, pero una cosa es segura: esa persona ha perdido una buena oportunidad de callarse. Usted escribe tan mal que no he podido dejar de leer en voz alta ciertos pasajes de su manuscrito a los compañeros de la sala de redacción. Nos reímos como idiotas. No le miento, nos reímos tanto que nos dolía el estómago. Nos llegan toneladas de manuscritos malos a nuestras oficinas, pero pésimos como el suyo es bastante raro. Sin embargo, me porté bien con usted. Para evitarle más humillaciones, me tomé la libertad de ordenar la destrucción de su manuscrito. Dejar que un adefesio semejante circule entre los editores era sellar su muerte como escritor. Y ya es, probablemente, demasiado tarde.

De todos modos, ¿por qué me meto en lo que no me importa? Usted puede hacer lo que le venga en gana, al fin y al cabo no es asunto mío. Fue usted quien trajo al mundo ese aborto, asúmalo ahora. Pero, en su lugar, yo no volvería a insistir. Deje la pluma, queme sus escritos y manténgase alejado de la literatura, será mejor así para todo el mundo, Y no siga enviando esa clase de manuscritos a los editores. Un día se encontrará con un malvado que le dirá unas cuantas verdades. Ya verá, una mala crítica puede dejarlo a uno lastimado durante mucho tiempo.



Incomprensible

Señor:
Nuestros lectores han valorado su manuscrito. Lamentablemente, la opinión que han emitido no es favorable. Para evitar confusiones, permítame explicarle las razones que nos han conducido a esta decisión. Primero, esa impresión (querida o no) de intemporalidad en su relato suscita en el lector un estado de confusión que estropea cualquier forma de placer. ¿Cómo rectificar esta tangente pesimista, minada de imponderables, que corroe el sentido moral de sus personajes? Es evidente que la omnipresencia del fracaso torna difícil, o sea imposible, una adhesión emotiva. La inadmisibilidad de cualesquiera formas de ternura es en sí un rechazo categórico del principio de reciprocidad. Ese desplazamiento tendencioso se aproxima peligrosamente a un reflejo pernicioso que, en general, se traduce por una falta total de cualquier forma de esteticismo.

Por estas razones evidentes nos ha parecido que no somos la editorial más indicada para publicar su trabajo.

Lo sentimos muchísimo y aprovechamos esta oportunidad para reiterarle el testimonio de nuestra consideración más distinguida.


Directo
¡No!

...

No hay comentarios:

Publicar un comentario